O así parece haberlo interpretado el arquitecto Rem Koolhaas.

Fue él mismo el que dijo que una ciudad más adecuada para la sociedad hipermoderna sería, en efecto, la irónica ciudad genérica que tiende a la convergencia y no a la divergencia, como lo haría una hiperarquitectura. El centro de la ciudad sería un aeropuerto y los habitantes un grupo de nómadas, que en el ápice del pluralismo se convierten en la nada y el resultado es la homogeneidad. Digamos que de tanta entropía, todo se ha convertido en energía, que al final es lo mismo que si todo fuera masa.

La ciudad genérica se opone a la metrópolis moderna, a Nueva York y a Tijuana, a Paris y a Londres. Ahora, años después de la Ciudad Genérica, Koolhaas desarrolla un nuevo proyecto en Dubai: Waterfront City.

La congestión de Nueva York es resultado de una verdadera vida urbana. De conflictos e ilusiones, trabajo y placer. Es producto de un amor por la ciudad, por más desagradable que pueda ser. Pero a los empresarios de Dubai se les ha ocurrido que necesitan importar tal vida a Dubai, congestionarla un poco más, para que parezca un poco más humana. Y aparte se les ha ocurrido llamar a Rem Koolhaas quien, acompañado de otros arquitectos Europeos, hace unos meses declararon el inicio de la Arquitectura 2.0. En donde criticaban la ciudad de íconos y proponían un acercamiento más discreto a la arquitectura. Probablemente Rem Koolhaas crea que al emular Nueva York en Dubai está cumpliendo con ese silencioso cometido.

El problema es que dicha ciudad no puede generarse en un lugar sin urbanidad. Dubai es una ciudad de parques de diversiones, donde el ego motiva a todos los proyectos. Pero no sólo el ego del arquitecto, sino también el ego del empresario, decidido a crear la torre más alta, la forma más extraña, atendiendo a ninguna urbanidad real. Los edificios de Dubai son íconos aislados y Waterfront City será otro parque de diversiones, que sólo millionarios podrán habitar.

La ciudad se aísla del mundo, sólo deja algunas entradas, y a un lado, casi, pero nunca olvidado, un Zigurat o lo que parece una torre de 82 pisos, escalonada que se levanta lista para tocar el cielo. La esfera que es el templo y palacio que comunica al Zigurat con la ciudad y claro, la muralla que protege. Toda una Mesopotamia, excepto por la forma cuadrangular.

El problema de este proyecto, aparte de su banalidad por el vacío urbano en el cual se sustenta, es su negación por ver hacia al futuro. Si bien, Rem Koolhaas quiere proponer algo con esta ciudad, ¿porqué no utilizar este experimento como un laboratorio para expandir los sistemas urbanos? Vivimos en ciudades viejas, construídas en base all modernismo, o en muchos casos, acarrean consigo un espíritu renacentista. Solamente que el romanticismo que alguna vez existió se extingue poco a poco cuando seguimos repitiendo la misma urbanidad una y otra vez. ¿Y que hacemos cuando encontramos el espacio para nuevas ciudades? Exportamos las viejas ciudades claro, repetimos la cuadrícula cartesiana, los mismos rascacielos y esperamos diferentes resultados.

Después de todo, la respuesta está en reinterpretar.

Y cuando creíamos que el posmodernismo tan sólo era el interludio entre el pasado y el futuro, nos encontramos ante la aterradora idea de que el presente sea el futuro y por ende el pasado.

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