La arquitectura es una máquina del tiempo. Diseñas algo: el futuro, lo construyes, lo vives en todo su esplendor y lo observas decaer, poco a poco, convertirse en ruina y volver a lo que fue algún día: caos, desorden, naturaleza. Vivir la arquitectura es viajar el pasado; el ayer no es precisamente el pasado, y éste no es lo que ya pasó, sino que lo que remotamente fue.

Por ejemplo, Ankor Wat. Esta imagen, cortesía de flickr.com, muestra la interacción entre naturaleza y ruina. Hay una serenidad de las ruinas que invita a la naturaleza a unírsele.

Como si hubiera muchas dimensiones, y el edificio ha nacido a través de uno de los muchos caminos y vuelve a su origen a través de otro. Pero vuelve.

Pasados los años, la ruina es un portal. Vemos el Partenón para ver a Grecia antigua; el Coliseo a Roma; las Píramides a Egipto y Mesoamérica. En cierto sentido, relacionamos las ruinas con el inicio de la vida y les construímos a los niños sus pequeñas ruinas en las que pueden desenvolverse, echar a volar su imaginación; iniciar su vida. Los juegos de los parques, con sus formas caóticas fueron inspirados en ruinas, aunque hoy en día la sociedad prefiere seguridad sobre imaginación, y por alguna razón se les trata como antónimos, minimizando los misterios del metal y la madera, reemplazándolos con plástico en cada lugar que podemos.

Durante la Segunda Guerra Mundial, muchos de los niños europeos lo único que tenían eran las ruinas. Redescubrir su mundo ahora diferente.

El caos, la decadencia, el desorden; todos estos son interesantísimos para la mente curiosa. ¿Qué pasaría si construyeramos ruinas? Edificios decaídos, ventanas rotas, puertas tumbadas, naturaleza por todas partes, inclusive algún animal salvaje.

Pero, ¿serían ruinas? ¿qué les pasa con el paso del tiempo? ¿super ruinas? ¿híper ruinas?

En tal caso, ¿podemos emular el tiempo, tomar su poder en nuestras manos?

¿Y qué del caos premeditado?

Por cierto, un número infinito de monos escribiendo en un número infinito de máquinas de escribir en un periodo de tiempo infinito casi seguramente escribiría, algún día, las obras completas de William Shakespeare.