Si te imaginas que en el fondo de la tierra vive una tribu de gigantes que de pronto decide salir a la superficie cavando un taladro enorme sobre el firmamento de Chicago, entonces probablemente tendrías una imagen del Chicago Spire, el Calatrava que está en las revistas.

Excepto que esta obra no alude a un taladro, sino a una concha. La concha del mar es un elemento de la naturaleza realmente fascinante que cumple al pie de la letra con la serie de Fibonacci y por consiguiente con la proporción aurea 1.618. La perfección matemática, dicen muchos artistas y científicos, puede ser encontrada en los objetos más simples de la naturaleza, como una concha.

Los sketches de Calatrava consisten de varios elementos naturales, espirales y flores. Sin embargo, los renders del edificio lo hacen ver como un taladro. ¿Tan incongruente es el arquitecto? Y es que no puede tratarse de imposibilidades técnicas por que conocemos sus puentes y sabemos que Calatrava es también un gran ingeniero. ¿Porqué el Chicago Spire no parece ser parte de la naturaleza y el Turning Torso sí?

La respuesta es, probablemente, que es tan natural que es imposible apreciarlo en renders, en la falsedad de los renders quiero decir. El diseño del Chicago Spire responde perfectamente a su forma, sus 1200 condominios –que según señala su página han sido supervisados, cada uno, por el arquitecto, se benefician de la forma. Y esa es la verdadera magia de la naturaleza, su perfeccion en función. La curva también proporciona mas estabilidad estructural y protege de los vientos fuertes provenientes de la costa. El edificio de Calatrava crece orgánicamente al imitar la integridad de la naturaleza, su indesafiable perfección matemática.

Y cuando las luces de Chicago se prendan cada noche, el Spire iluminará el mar. Y cuando las llamas de Apolo caigan sobre el mar, el Spire destellará sobre la ciudad. Y entonces estará realmente vivo.

Talvez Calatrava finalmente haya comprendido la abstracción a la que se refería Le Corbusier en sus edificios. Muy pocos se atreven a calificar de “bellas” las obras de Le Corbusier. Posiblemente serán muy pocos los que pasen por Chicago y digan “mira eso, ¡qué bonito!”, pero estoy convencido que muchos dirán “wow”.

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