El propósito del hombre está directamente ligado a la arquitectura. El ser humano convive con la arquitectura de una forma mucho más poderosa que con cualquier otro arte, o inclusive persona. La arquitectura es ineludible; es nuestra maldición. La relación entre seres humanos es compleja, abstracta, inesperada, pero consciente. La arquitectura nos enreda de la misma forma, pero en un nivel más inconsciente. Así como amamos las personas, amamos a la arquitectura. Es un arte que no es tan sólo un capricho capitalista, sino un íntimo vínculo entre mente y contexto.

Es entonces inmensa la responsabilidad del arquitecto ante el universo. Es la responsabilidad de cada individuo cambiar el mundo. El artista tiene mucha más responsabilidad moral que otras profesiones. Es el deber penetrar la consciencia humana y cambiarla. Es el deber ser íntegro. De ahí que el arquitecto sea el más grande de los criminales también, al sacrificar su integridad por intereses banales del cliente. El papel del arquitecto no es servir, sino ejercer su voluntad. Y la voluntad del hombre debe ser cambiar al mundo. Así es que si un cliente pidiera una casa, el arquitecto no debe imponer su gusto sobre el cliente, sino hacer lo posible por llenar de vida al cliente, hacerlo despertar ante su libertad!

De ahí que los modelos de nuestra generación sean caricaturas del capitalismo. El arquitecto posmoderno vende su integridad ante programas superfluos y con intereses capitalistas. La corrupción del arquitecto emula a la del político. Díficilmente encontramos al idealista Koolhas o Hadid en la imagen de super estrellas. Estos arquitectos crecieron teniendo como héroes a Kahn, Wright, Le Corbusier, Van de Rohe; todos ellos figuras que sacrificaron su bienestar económico por ideales. Dubai es un paraíso de formas, pero son formas que han sido vaciadas de significado real; donde la belleza no yace en  la creación de espacios humanos, sino en la extravagancia de las formas.

salk

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