Pocas películas me han impactado tanto como lo hizo la última entrega de Terrence Malick, donde si bien la fábula toma precedente, el argumento es confuso, divergente e intencionalmente vago. No obstante, el tema es simple, esencial e ineludible para el humano que confronta al universo con los ojos atentos. La temática es aquella que nos agobia desde el inicio de la conciencia humana: el significado de la vida.

¿Porqué hay algo en vez de nada?

The Tree of Life muestra el curso del universo, desde el inicio de los tiempos hasta el fin del sistema solar. Todos tenemos una idea más o menos clara de cómo sucedieron las cosas, pero no hay nada más impactante que verlo en la pantalla grande con música y la sutil narración de los personajes. Ya una vez había hablado de la necesidad de embelesar la realidad a través del arte para expresarla en su plena autenticidad; éste es uno de esos casos, en los que sólo a través del arte podemos expresar la realidad en todo su esplendor.

Durante la creación del mundo los padres de Jack le expresan su amor, incluso antes de conocerlo. Y nos habla de ese amor tan inmenso del que el humano es capaz. Pero más que eso, no es sólo el amor entre humanos, sino aquél que se siente por toda la creación. Es decir, billones de años de evolución del universo culminan en la capacidad humana de reconocer la condición universal de la que todos formamos parte. Malick nos muestra una escena en la que un dinosaurio siente compasión por otro y perdona su vida, ésta es su forma de decirnos que la compasión, el amor, la gracia, son todas éstas cualidades intrínsicas en el universo y como producto de éste, también lo son en nosotros.

El conflicto de la película está en el personaje de Mr. O’Brien, cuya condición en el mundo lo lleva a desconocer la belleza de la vida y a verla con desconfianza y recelo. Vemos cómo esto, poco a poco, también afecta a Jack que confundido actúa con actos de vandalismo y destrucción. En cambio, vemos la gracia personificada en Mrs. O’Brien quien reconociendo la infinita belleza del universo, actúa en concordancia a ella.

Sin embargo, la película no argumenta a favor o en contra de ninguna posición, se desenvuelve como un espectador pasivo. Simplemente expresa con extrema serenidad la condición humana como resultado de tantos años de evolución. Y es que es necesario poner en términos relativos la existencia humana, como hito del tiempo y del espacio. La existencia humana es el esfuerzo del universo por conocerse y ante el auto-reconocimiento nace por primera vez (hasta donde sabemos) el amor. El amor por el projimo es el amor por los primeros fotones que iluminaron la oscura inexistencia del universo, es el mismo amor por todas aquellas estrellas que han muerto y de las cuales somos producto.

No obstante la relevancia de nuestra existencia, es un evento brevisimo en la vida del universo. La nuestra es una muerte anunciada, esperada y sin embargo, ineludible. Por ello la importancia de la momentaneidad en nuestras vidas. Porque incluso la existencia de nuestra especie es tan sólo un suspiro en la vida del universo. Pero como cada respiro de la creación está cargada de infinita belleza sólo reconocible en los escondidos instantes de la rutina diaria. Pero queda la cuestión del sufrimiento, que es resultado de confundir la vida con algo más de lo que es. Ésta no es más que un breve episodio en el cual el universo se manifiesta en la conciencia humana con el propósito de mejorar, de aprender, de enriquecer la condición universal, no hacerlo es un gran error.

Al final, ver al Sol convertido en un enano blanco, destinado a yacer eternamente en la oscuridad es una escena que me llena de desconsuelo. Pero vemos a Mrs O’Brien aceptando la muerte, entregando a su hijo a la creación, donde todo el material cósmico, incluyendo aquél tan misterioso que forma la conciencia humana vuelve al origen y la evolución en el tiempo continúa. La película se aventura a preguntar, ¿es posible que la naturaleza humana sea un evento que se pueda repetir en el futuro del universo? Y Malick responde con un optimista sí.