Thom Yorke lanzó de sorpresa su nuevo álbum, titulado Tomorrow’s Modern Boxes. Este evento fue noticia por dos razones: i) Thom Yorke es el vocalista de Radiohead, ii) el álbum fue lanzado a través de Bittorrent por 6 dlls. El cantante pretende motivar un cambio en los modos de la industria de la música. Es bien conocido que el artista muchas veces no goza de la compensación debida por su obra. Yorke y otros ven esta situación como una alarma y quieren responder a ella ejerciendo máxima libertad artística y de distribución. Radiohead ya lo había hecho anteriormente con In Rainbows, que lanzaron a un costo opcional a través de su página de internet.

Sin embargo, el propósito de esta entrada no es ahondar en los males de la industria. El propósito es la reflexión musical. Thom Yorke y su equipo se han caracterizado por su visión única, a veces futurística, de la música. Kid A sigue sonando alienígena a más de una década después de su concepción. En Tomorrow’s Modern Boxes, Yorke práctica esa cacofonía con la que logra desconectar al sujeto del contexto. Como en otras de sus obras, el yo lírico se presenta como un intruso, atrapado, claustrofóbico y a la vez profundamente simbiótico. Si bien la disonancia de la letra y la música son la raíz del conflicto, de una dinámica pásiva, a veces la voz y la música son indistinguibles. Es decir, el autor termina siendo su entorno. Más potente es este ejercicio al ser la música en su mayoría proveniente de una computadora. Thom Yorke extiende esa ambivalencia hacia la simbiosis entre tecnología y humanidad. Las músicas se entrelazan y a cada cambio de ritmo significativo lo nombra diferente. No obstante, el álbum no existe que sino como el todo.

¿Acaso son estas cajas modernas del mañana los instrumentos musicales que se habrán de usar?

¿O somos los humanos estas cajas?

Es posible que la distinción no exista. Es posible que en estas cajas encontremos los simbiontes del organismo del mañana. Los humanos como portales de lo mecánico. O al revés.