La segmentación del tiempo es arbitraria, elusiva y engañosa.

El año es un concepto que utilizamos como medida del tiempo. Definimos inicios y finales. Estamos convencidos del momento en el que nos encontramos dentro de una unidad de medida. Utilizar el año como referencia temporal es práctico, conveniente y esencial en la interacción social. Sin embargo, el confundir esta arbitraria segmentación del tiempo como real nos lleva a asignar significado a ciertas fechas. Y hablo de un significado más allá de convención social. Un significado del cual nos apropiamos para actuar o no actuar, no en relación o respuesta a un contexto, sino en intrínsica definición de la experiencia que conllevamos.

Esta construcción conmutativa de símbolos lingüísticos no culmina hoy en intención de mensaje.

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