enero 2015


La vida. Ese es el tema de la última de Richard Linklater, la película Boyhood.

En esta entrada, como en muchas otras sobre el arte, no discuto la obra sino el reflejo que se dibuja cuando la vemos. El arte muchas veces es ese cristal diáfano que juega el papel de ventana y de espejo. Los espejos son necesarios para el artista y para la audiencia porque las palabras por sí solas no logran articular esa elocuencia límbica del ser humano. Necesitamos de silencios y de cacofonías y de una precipitada lluvia sobre un techo de metal para finalmente poder ver la lluvia.

SPOILERS

Boyhood es un filme lineal, brutalmente realista y cotidiano. En él no sucede nada de lo que estamos acostumbrados a ver en el cine popular. No hay un conflicto concentrado en algún momento del tiempo. El conflicto está diluido en la vida misma de los personajes. Ésta es la realización de la película: la vida no puede ser segmentada en eventos o secuencias. La vida se construye a cada instante, no hay más que el momento mismo. La expectativa y la ilusión de una vida estructurada, de un tiempo lineal, siempre termina en decepción.

No hay pesimismo en Boyhood. Tampoco hay optimismo. Hay.

Las cosas surgen y desaparecen.

En Boyhood las edades no se definen concretamente y los periodo de tiempo son fluidos y flexibles. Es decir, la pelicula fluye continuamente. No hay una discretización temporal ni espacial. Posiblemente sea la obra cinematográfica más fiel a la experiencia de vida. La pelicula no empieza ni termina. En una escena Mason es niño, en otra escena Mason es adulto. Y aunque las horas del reloj hayan transcurrido, el adulto tiene las mismas inquietudes del niño. ¿Quién podría asegurar que el niño precede al adulto? En esta historia científica que contamos, así lo es. Pero la experiencia de vida trasciende la linealidad de nuestras historias.

El Sistema de Información Geográfica de Tijuana no es un bien común… tanto.

“The commons is a general term referring to the cultural and natural resources accessible to all members of a society, including natural materials such as air, water, and a habitable earth. These resources are held in common, not owned privately.” – Wikipedia, 2015.

La función principal de un SIG es la gestión de capas de información, con referencia geográfica, relación a una base de datos y posibilidad de representar dicha información en gráficos. Es complicado generar y adquirir la información, pero una vez teniendo algo de SIG (GIS, por sus siglas en inglés) a la mano, por lo menos el que nos comparte INEGI sobre el país, podemos armar mapas, tablas y mosaicos con poderosos contenidos de información para la planeación, el servicio a la sociedad o incluso como instrumentos gráficos para uso artístico y recreativo.

Dejo por aquí algunas piezas entretenidas. Ésta es la ciudad.

Hoy quiero explicarles la tragedia del arroz chino.

Para entender la tragedia imagina que vas a comprar comida china a un restaurante de los comúnmente conocidos. En tu orden o en tu lonche está incluido el arroz. Al momento que te entregan tu orden o lonche, te das cuenta de que te han dado demasiado arroz y muy poca cantidad de pollo, camarón o lo que sea que hayas pedido como componente principal. La razón por la que esto ha ocurrido es porque la porción de arroz es más barata de producir y sirve para conformar el volumen que te habían prometido en la carta, con la orden que habías evaluado como costo-eficiente. La estrategia del que prepara la orden tiene un final trágico, porque en ese momento decides que no irás a comprar en ese lugar y, lo que es peor para la empresa, difundes tu historia.

En suma, la tragedia consiste en una situación donde asistes (usualmente por primera vez) a comer a un restaurante, fonda, comercio de alimentos servidos o afín y te atienden descuidadamente, pensando que así ahorrarán tiempo en servicio, cantidad o calidad de comida, pero lo que logran es perder al cliente y conseguir mala reputación por difusión de palabra. Es decir, no es exclusivo o alusivo de los restaurantes de comida china, los cuales por lo general me encantan, pero siendo comida muy popular y neutral decidí ponerle ese nombre. Si quieren, pueden pensar en la tragedia del taco con poca carne, la tragedia de la cerveza diluida o en la tragedia del vaso con más hielo que limonada.

La tragedia me ha pasado muchas veces, pero ayer me la hicieron recordar en un restaurante (no era de comida china, si te preocupa eso) al que me animé a entrar a pesar de que nunca lo veía con más de dos comensales. “Es año nuevo, hay que darles una oportunidad”, pensé.

Never again.