junio 2016


En esta ocasión aprovecho para hablar de la importancia de la candidatura del senador Bernie Sanders a la presidencia en EUA y el porqué no hay equivalencia entre Sanders y Clinton.

En EUA los miembros de cada partido político eligen a sus candidatos a través de un sistema representativo. Es decir, eligen delegados que votan en representación de los ciudadanos. Ya que cualquiera puede ser miembro de un partido y correr para ser funcionario público, podría darse el caso de elegir un candidato que no vaya acorde a los principios del partido. Para ello, el partido Demócrata estableció un sistema de protección al designar superdelegados, es decir, funcionarios, políticos y otros insiders del partido que tienen mayor representacion y deciden en base a su conciencia (o donaciones). Muchas veces, los superdelegados expresan su apoyo por un candidato incluso antes de las elecciones. Ese fue el caso en 2008 y 2016 con Hillary Clinton, quien recibió apoyo mayoritario de los superdelegados. El voto de los superdelegados no cuenta hasta el ultimo día de campaña. Sin embargo, tiene un efecto psicológico al promover a un presunto nominado. En noviembre del 2015, Clinton tenía ya el apoyo de 259 delegados mientras que Sanders contaba con 8. Sin duda, al agregar 251 delegados de ventaja a los reportes de resultados, se fue dibujando una narrativa de inevitabilidad sobre Clinton.

La pregunta es ¿por qué cuenta Clinton con tanto apoyo del partido Demócrata?

Y la respuesta está en su contrincante. Bernie Sanders es el tipo de candidatos por el cual existen superdelegados. Es un candidato que no representa los intereses del actual partido Clintoniano (de Bill) demócrata que promueve el neoliberalismo y perpetúa la plutocracia. En un estudio de la Universidad de Princeton, Martin Gilens encontró que el sistema de EUA díficilmente puede ser caracterizado de democrático. En cambio, el gobierno parece sólo responder a los intereses de una pequeña élite con dinero. Y en realidad no hay diferencia entre los partidos cuando se trata de responder a intereses especiales. Sanders representa un cambio de paradigma. Es un candidato que ha construído una campaña sin donaciones corporativas. Se opone a la decisión de la Suprema Corte de Justicia que decidió caracterizar a las corporaciones como personas con libertad de expresión en forma de dinero. Sanders es verdaderamente una amenaza para aquellos que han estratégicamente construído un futuro político basado en el status quo. 

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El estudio de Princeton afirma algo que ya todos los ciudadanos saben instintivamente. La aprobación del congreso es de alrededor de 11%. Es contundentemente claro que los ciudadanos no aprueban de los dos principales partidos, Demócrata y Republicano.

¿Por qué no votar por otra opción?

El hecho de que alrededor de 50% de la población de EUA rehusa a asociarse a un partido nos dice que los ciudadanos están listos para nuevas opciones. Sin embargo, un tercer partido no es viable en el sistema estadounidense. Los dos partidos principales gestionan toda la organización política del país. Estos dos deciden quién participa en debates en cadenas nacionales, y al tener estos completo control del gobierno, se oponen a cualquier propuesta que amenace su hegemonía. Por esta razón Sanders, un político independiente, tuvo que lanzarse en la plataforma de uno de los partidos.

Pero el partido Demócrata solía estar alineado con las posturas de Sanders. Sus programas para reactivar la economía son una versión moderna del New Deal de Frank D. Roosevelt. Sus programas sociales son una continuación del Great Society de Lyndon B. Johnson. Acceso a la educación y salud universal son ideas por las que el partido Demócrata ha abogado por muchos años. El argumento de Clinton es que no es una opción viable. Esto lo expresa después de haber recibido millones en donaciones de la industria de aseguradoras médicas. Una vez más vemos que la democracia es coartada por un sistema que permite la influencia del dinero en la política.

El problema de la influencia del dinero en la política es uno de los más grandes que tiene EUA. Esto es lo que le da poder desmedido a las corporaciones y al 0.1% de la población que ha ido acumulando riqueza por décadas e incluso siglos. El poder político que adquiere la élite capitalista va en contra de la idea del mercado libre. La realidad es que no hay libertad de mercado cuando unos pocos tienen tanto poder de negociación y palancas políticas, sólo por el hecho de poseer mayor riqueza. Un claro ejemplo es la gradual desreglamentación del mercado bancario a partir del gobierno de Ronald Reagan. Este respondió a las necesidades de aquellos con mayor influencia política: los bancos. Reagan terminó desregulando el mercado; esta práctica se volvió tan popular que el partido Demócrata terminó adoptándola en la estrategia de transformación del partido con Bill Clinton. Este último terminó por rechazar Glass-Steagall, una pieza legislativa que evitaba que los bancos metieran capital en inversiones de alto riesgo. El resultado fue la crisis financiera del 2008. Enseguida, Barack Obama recibió millones en donaciones para su campaña presidencial de la industria bancaria y Wall Street. Hasta la fecha sólo un banquero ha sido enjuiciado por el fraude que resultó en la crisis. No es sorpresa que Wall Street se oponga a la idea de un presidente Sanders.

Muchos justifican la inequidad económica invocando la idea de la meritocracia. Es decir, hay una idea penetrante de qué todos tenemos el nivel económico que merecemos, de acuerdo a nuestro trabajo. Esto ignora el hecho de que no todos tenemos el mismo acceso a la educación y oportunidades. También ignora, por ejemplo, que el salario de un CEO se basa en el dinero que produce para sus inversionistas, y no en el valor que provee su producto. Esto puede parecer una contradicción, pues si un producto es de alto valor, este resulta en ganancias. El problema es que la calidad del producto no es la única forma de producir dinero para los inversionistas. También se pueden inflar artificialmente las acciones de una empresa, o reducir prestaciones y salarios a los empleados, entre otras prácticas que no aportan nada a la sociedad. ¿En base a qué valor definimos los salarios?

El mercado de inversiones de Wall Street solía promover el valor y calidad de los productos. En concepto, es una muy buena idea. Pero en la práctica, Wall Street, en gran parte, consiste de algóritmos dedicados a formular millones de microtransacciones, que en conjunto generan millones de ganancias para los inversionistas sin agregar valor o promover desarrollo. Bernie Sanders propone un pequeño impuesto a estas transacciones especulativas, con lo cual se recaudaría para pagar por las universidades públicas.

La otra propuesta costosa de Bernie Sanders es el sistema de single-payer healthcare que consiste en que el gobierno actúe como aseguranza médica única. No se trata de socializar la medicina, sino de cubrir todos los gastos médicos con fondos del gobierno. El fondo vendría de un nuevo impuesto. La alza de impuestos hay que ponerla en contexto del sistema actual. En la actualidad, el costo del seguro recae sobre el individuo o la empresa para cuál trabaja. El sistema está plagado de ineficiencias y resulta ser el más costoso del mundo, sin ventaja apreciable en calidad de servicio. Esto se debe a que las aseguranzas están llenas de abogados tratando de maximizar las ganancias para sus empresas. Al final del día, la mayoría de los ciudadanos pagarían menos con un impuesto nuevo, de lo que pagan actualmente. Bernie Sanders considera que el acceso a la salud y la educación deben ser derechos universales.

Estas son algunas de las razones por las cuales una candidatura de Bernie Sanders no puede ser sustituída por una de Hillary Clinton. Pertenecen al mismo sistema sólo en nombre. Sanders propone una revolución política, en la cual pretende movilizar a los ciudadanos para exigir sus derechos ante el gobierno. Clinton propone una continuación del sistema.

Bernie Sanders se autodenomina democratic socialist, siguiendo la herencia de Eugene V. Debs y Martin Luther King Jr. Su mensaje es simple: justicia. No hay más que eso.  En una sociedad justa todos tendrían las mismas posibilidades de atención médica y educación. En una sociedad justa todos pagarían impuestos progresivos de acuerdo a su riqueza. En una sociedad justa se atacaría el racismo y discriminación estructural. En una sociedad justa las voces serían escuchadas a los mismos decíbeles.

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De nuevo es año electoral local en Baja California y otros estados. Este 2016 trae consigo nuevas oportunidades al experimento de nuestra joven sobre-ofertada y sub-demandada democracia bajacaliforniana (Johnny, 2016. Conversación por celular a la 1:27 pm de este sábado). Pero, ¿estaremos preparadas y preparados para hacer válidos nuestros anhelos y nuestros reclamos, por medio del voto?

En 2013 escribí sobre el fenómeno que se vivía aquél año y también sobre la naturaleza histórica y matemática de las elecciones en sí.  A la fecha sostengo muchas de mis afirmaciones de ese entonces, pero hoy quiero compartir una reflexión un poco más madura, trillada y optimista, estructurada en una serie de puntos que emanan de una rápida e informativa conversación con un buen amigo, al cual llamaré Johnny.

Y para que no se preocupen, tengo por ahí unas fuentes adicionales para reforzar y sustentar (cough cough sesgo de confirmación cough) mis afirmaciones.

Tengo la idea, la ligera impresión, con tantos candidatos, de que Baja California tiene una oportunidad como nunca antes de tener elecciones democráticas

– Yo, preguntando tímidamente algo en lo que no soy experto.

Piénsenlo. Hay más de 10 candidatos a alcaldes y diputados tanto en Tijuana como en Playas de Rosarito. Aún hay más partidos, sólo que han hecho coalición con uno de los principales.

El bipartidismo no es un problema en 2016, tampoco las pocas opciones. Los candidatos que han llegado hasta donde están lo han logrado con el respaldo gubernamental, partidista y ciudadano y las candidaturas independientes se han disparado. El INE y el IEEBC han organizado una serie de debates que nunca hubiéramos imaginado posible, con tantos contrincantes que termina por reducirse el tiempo por candidato, convirtiendo el encuentro en una sesión de cordiales (pero poco informativas) auto-presentaciones.

Pero bien, hay que tener cuidado: CGPGrey nos advirtió de esto en el video con animales que puse en aquél post de 2013. Vamos a ver qué pasa con aquellos que no sobrevivan el registro y desaparezcan, ya que esto se calcula a partir de los votos válidos. Todos los miembros del reino animal, de acuerdo a CGPGrey, tendrán que comprometerse y hacer coaliciones con los animales fuertes.

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Por otra parte, está el riesgo del “efecto spoiler”, que limita la posibilidad de ganar de los partidos opositores, y el principio de “gobierno de minoría”, ya que se distribuye tanto el voto que aquél candidato que gane sólo lo habrá hecho con el respaldo de un 15% o 20% de los votantes, claramente una minoría. ¿Qué pronósticos hacer de esto? Si las matemáticas operan por su cuenta como lo han hecho en el pasado, eventualmente el sistema recaería de nuevo en uno bipartidista.

Ah, no sólo eso. También leí en una noticia en mi muro de Facebook que el Tribunal Electoral permite que la planilla de los candidatos independientes pueda llegar a tener regidores en el cabildo, de acuerdo a los votos obtenidos. Entonces aunque no ganen, tendrán representación en la administración”

– Yo, optimista y contento con la fórmula para vencer los dos males identificados por CGPGrey.

Ya otro amigo, que es un mapache (no confundir con mapache electoral), había oído con entusiasmo esta aseveración de mi parte, desanimado de que no sea así en Estados Unidos (mi amigo mapache apoya activamente a Bernie Sanders).

Las implicaciones técnicas de esto son asombrosas. Los regidores, en calidad de “city councilers” podrán meter en la agenda de los ayuntamientos todos los temas abanderados por las candidaturas independientes. En el cabildo, un voto de un regidor vale lo mismo que un voto del alcalde, y todos sabemos [sic] qué son los regidores y sabemos que en número son mayoría en el cabildo. ¿Cómo funcionaría esto en la práctica? Johnny dijo algunas cosas interesantes al respecto, más o menos a la 1:31 pm en nuestra conversación por celular.

Yo creo que México en lo general es muy democrático, pero muy corrupto. La democracia en ocasiones ha terminado por legalizar la corrupción.

Johnny, pensativo y en tono de maestro que pacientemente le explica a un estudiante cómo es la vida real.

Johnny nos explica que la democracia sirve principalmente para dos cosas: una, para elegir a la autoridad y renovarla cada cierto tiempo; dos, para hacerlo sin que nos demos fregadazos. Viendo la legislación, los procedimientos y otras cosas, parece que, en efecto, México es muy democrático. Pero en la práctica, la comunidad tiene un desencanto con la autoridad y la democracia debido a que percibe mucha corrupción.

Desde luego, esto parece ser cierto. La corrupción en el país parece ser grave y no sólo en las instituciones. Permea en la comunidad con acciones tan simples como mentir, encubrir delitos, desconocer las leyes y reglas y permitir que éstas sigan siendo desconocidas. Día a día, los ciudadanos estamos rodeados de circunstancias que nos facilitan actuar de manera corrupta. Ya sea el sistema monetario, la ignorancia, la flojera o la falta de empatía hacia otros, la tentación es grande y aún mucho más para los ciudadanos que acceden al poder.

Lo que se refiere Johnny con la legalización de la corrupción de la democracia, intentaré explicarlo ejemplificando como caso una institución que, ahora, al ser más inclusiva y permitir más la participación de entidades externas en la toma de decisiones, se vuelve más lenta y crea una necesidad de que más actores negocien entre ellos. En su afán de que más actores voten y sean considerados, la institución ha perdido poder de aplicación de las políticas públicas, se ha entorpecido y encarecido, porque los actores “jalan” en diferentes direcciones. Esta institución podría enfrentarse a un problema de gobernabilidad.

Y en el caso de los regidores, es verdad que podrán participar en el cabildo impulsados por diferentes planillas, pero si la mayoría pertenece al partido ganador, la toma de decisiones unilateral puede efectuarse de todas maneras. Además, ¿cuántos ciudadanos saben que existen los regidores?

La comunidad tiene un desencanto con la autoridad y la democracia debido a que percibe mucha corrupción. La gente se queja, pero no vota.

 

Johnny identifica la baja participación en las urnas como el principal problema que puede mandar al traste absolutamente todas las bondades de nuestro sistema mexicano y bajacaliforniano. Existe una sobreoferta y una sub-demanda de democracia: la gente pocas veces manifiesta su opinión en la manera convencionalmente efectiva, que es el voto. Esperemos que la abstención pueda ser revertida con esta nueva configuración.

Lo que si hay es mucha opinión y queja. Pero creo que la libertad de expresión, sagrada en todas sus concepciones, debe ser a toda costa defendida por medio de la difusión ágil de información confiable y el razonamiento, no del chisme urbano.

Es por eso que quiero concluir con algunas ideas, muy personales, sobre indicadores a considerar para hacer efectiva esta democracia aparentemente servida en charola de plata:

 

1. Quiero votar y recomiendo que todos votemos. Por quien hacerlo, cada uno tendrá sus razones, pero hay que hacerlo. La abstención al voto es un síntoma de que no estamos celebrando la democracia y no la creemos posible. Si es así, entonces no tenemos argumentos serios para quejarnos.

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2. Para escoger por quien votar, quiero informarme lo más que pueda y sugiero que lo hagan también ustedes. Hay que prender el detector de bullshit y tenerlo funcionando al 100%, sobre lo que digan los candidatos y sobre cualquier tema de la comunidad. Noam Chomsky, en uno de sus últimos documentales (disponible en Netflix), citó a Adam Smith para explicar cómo la adquisición de los servicios y productos en una libre economía debía ser informada, para llegar a una decisión racional. No es el caso la mayoría de las veces, las campañas se han convertido en mercadotecnia. A veces se limita el acceso a la información, para fomentar una decisión desinformada e irracional.

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3. No quiero votar por un candidato, ni por un partido. He madurado y me he dado cuenta que otorgar de personalidad una entidad abstracta como un partido o una figura fabricada como un candidato sesga la valoración de la oferta en lo global. Que sea hombre, mujer, natal, del partido en turno, profesionista, del pueblo o candidato independiente no lo/la convierte automáticamente en la mejor opción. Aplica lo mismo al partido. Frases trilladas como “todos son lo mismo (menos yo)”, “soy un candidato ciudadano” o “vengo de un partido con experiencia” son argumentos tan huecos como simplemente decir “tu no preguntes, no sabes de esto, nomás vota por mí y ya”. Desde luego esto no aplica si ya perteneces a un partido, porque tienes tus razones y está excelente. Y si un partido o un candidato cumple con los requisitos que como persona informada nos hemos fijado, para nada deberíamos descartar apoyarles.

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4. Algunos quieren votar según las propuestas y las ideas. Suena bien, pero yo quiero ir un poco más allá. Me interesan los proyectos y posibilidades estratégicas de llevarlos a cabo. Existe información disponible al respecto, al alcance de todos. Busca en las páginas de los candidatos, en los planes y programas públicos. ¿La ciudad y la comunidad van en la dirección que quieres? ¿Es sustentable? Muchas veces, lo que se necesita es habilidad para dar seguimiento a los buenos resultados y revertir los malos. Es simplemente absurdo pretender por parte de un candidato que se pueda encontrar el hilo negro y pueda renovar la manera en la que se hacen las cosas cada 3 años. Es verdad, es posible hacer cambios radicales, pero no de manera mesiánica. La comunidad tiene que dar el respaldo y en su conjunto tiene que ir por dicha transformación. Quiero participar en el diseño de la ciudad.

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Y bien, ¿qué opciones ofrecen metas realistas? Y de acuerdo a tus necesidades, o las que consideras que tiene la ciudad, ¿qué opción te parece que posee el diagnóstico más acertado de tu realidad?