De nuevo es año electoral local en Baja California y otros estados. Este 2016 trae consigo nuevas oportunidades al experimento de nuestra joven sobre-ofertada y sub-demandada democracia bajacaliforniana (Johnny, 2016. Conversación por celular a la 1:27 pm de este sábado). Pero, ¿estaremos preparadas y preparados para hacer válidos nuestros anhelos y nuestros reclamos, por medio del voto?

En 2013 escribí sobre el fenómeno que se vivía aquél año y también sobre la naturaleza histórica y matemática de las elecciones en sí.  A la fecha sostengo muchas de mis afirmaciones de ese entonces, pero hoy quiero compartir una reflexión un poco más madura, trillada y optimista, estructurada en una serie de puntos que emanan de una rápida e informativa conversación con un buen amigo, al cual llamaré Johnny.

Y para que no se preocupen, tengo por ahí unas fuentes adicionales para reforzar y sustentar (cough cough sesgo de confirmación cough) mis afirmaciones.

Tengo la idea, la ligera impresión, con tantos candidatos, de que Baja California tiene una oportunidad como nunca antes de tener elecciones democráticas

– Yo, preguntando tímidamente algo en lo que no soy experto.

Piénsenlo. Hay más de 10 candidatos a alcaldes y diputados tanto en Tijuana como en Playas de Rosarito. Aún hay más partidos, sólo que han hecho coalición con uno de los principales.

El bipartidismo no es un problema en 2016, tampoco las pocas opciones. Los candidatos que han llegado hasta donde están lo han logrado con el respaldo gubernamental, partidista y ciudadano y las candidaturas independientes se han disparado. El INE y el IEEBC han organizado una serie de debates que nunca hubiéramos imaginado posible, con tantos contrincantes que termina por reducirse el tiempo por candidato, convirtiendo el encuentro en una sesión de cordiales (pero poco informativas) auto-presentaciones.

Pero bien, hay que tener cuidado: CGPGrey nos advirtió de esto en el video con animales que puse en aquél post de 2013. Vamos a ver qué pasa con aquellos que no sobrevivan el registro y desaparezcan, ya que esto se calcula a partir de los votos válidos. Todos los miembros del reino animal, de acuerdo a CGPGrey, tendrán que comprometerse y hacer coaliciones con los animales fuertes.

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Por otra parte, está el riesgo del “efecto spoiler”, que limita la posibilidad de ganar de los partidos opositores, y el principio de “gobierno de minoría”, ya que se distribuye tanto el voto que aquél candidato que gane sólo lo habrá hecho con el respaldo de un 15% o 20% de los votantes, claramente una minoría. ¿Qué pronósticos hacer de esto? Si las matemáticas operan por su cuenta como lo han hecho en el pasado, eventualmente el sistema recaería de nuevo en uno bipartidista.

Ah, no sólo eso. También leí en una noticia en mi muro de Facebook que el Tribunal Electoral permite que la planilla de los candidatos independientes pueda llegar a tener regidores en el cabildo, de acuerdo a los votos obtenidos. Entonces aunque no ganen, tendrán representación en la administración”

– Yo, optimista y contento con la fórmula para vencer los dos males identificados por CGPGrey.

Ya otro amigo, que es un mapache (no confundir con mapache electoral), había oído con entusiasmo esta aseveración de mi parte, desanimado de que no sea así en Estados Unidos (mi amigo mapache apoya activamente a Bernie Sanders).

Las implicaciones técnicas de esto son asombrosas. Los regidores, en calidad de “city councilers” podrán meter en la agenda de los ayuntamientos todos los temas abanderados por las candidaturas independientes. En el cabildo, un voto de un regidor vale lo mismo que un voto del alcalde, y todos sabemos [sic] qué son los regidores y sabemos que en número son mayoría en el cabildo. ¿Cómo funcionaría esto en la práctica? Johnny dijo algunas cosas interesantes al respecto, más o menos a la 1:31 pm en nuestra conversación por celular.

Yo creo que México en lo general es muy democrático, pero muy corrupto. La democracia en ocasiones ha terminado por legalizar la corrupción.

Johnny, pensativo y en tono de maestro que pacientemente le explica a un estudiante cómo es la vida real.

Johnny nos explica que la democracia sirve principalmente para dos cosas: una, para elegir a la autoridad y renovarla cada cierto tiempo; dos, para hacerlo sin que nos demos fregadazos. Viendo la legislación, los procedimientos y otras cosas, parece que, en efecto, México es muy democrático. Pero en la práctica, la comunidad tiene un desencanto con la autoridad y la democracia debido a que percibe mucha corrupción.

Desde luego, esto parece ser cierto. La corrupción en el país parece ser grave y no sólo en las instituciones. Permea en la comunidad con acciones tan simples como mentir, encubrir delitos, desconocer las leyes y reglas y permitir que éstas sigan siendo desconocidas. Día a día, los ciudadanos estamos rodeados de circunstancias que nos facilitan actuar de manera corrupta. Ya sea el sistema monetario, la ignorancia, la flojera o la falta de empatía hacia otros, la tentación es grande y aún mucho más para los ciudadanos que acceden al poder.

Lo que se refiere Johnny con la legalización de la corrupción de la democracia, intentaré explicarlo ejemplificando como caso una institución que, ahora, al ser más inclusiva y permitir más la participación de entidades externas en la toma de decisiones, se vuelve más lenta y crea una necesidad de que más actores negocien entre ellos. En su afán de que más actores voten y sean considerados, la institución ha perdido poder de aplicación de las políticas públicas, se ha entorpecido y encarecido, porque los actores “jalan” en diferentes direcciones. Esta institución podría enfrentarse a un problema de gobernabilidad.

Y en el caso de los regidores, es verdad que podrán participar en el cabildo impulsados por diferentes planillas, pero si la mayoría pertenece al partido ganador, la toma de decisiones unilateral puede efectuarse de todas maneras. Además, ¿cuántos ciudadanos saben que existen los regidores?

La comunidad tiene un desencanto con la autoridad y la democracia debido a que percibe mucha corrupción. La gente se queja, pero no vota.

 

Johnny identifica la baja participación en las urnas como el principal problema que puede mandar al traste absolutamente todas las bondades de nuestro sistema mexicano y bajacaliforniano. Existe una sobreoferta y una sub-demanda de democracia: la gente pocas veces manifiesta su opinión en la manera convencionalmente efectiva, que es el voto. Esperemos que la abstención pueda ser revertida con esta nueva configuración.

Lo que si hay es mucha opinión y queja. Pero creo que la libertad de expresión, sagrada en todas sus concepciones, debe ser a toda costa defendida por medio de la difusión ágil de información confiable y el razonamiento, no del chisme urbano.

Es por eso que quiero concluir con algunas ideas, muy personales, sobre indicadores a considerar para hacer efectiva esta democracia aparentemente servida en charola de plata:

 

1. Quiero votar y recomiendo que todos votemos. Por quien hacerlo, cada uno tendrá sus razones, pero hay que hacerlo. La abstención al voto es un síntoma de que no estamos celebrando la democracia y no la creemos posible. Si es así, entonces no tenemos argumentos serios para quejarnos.

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2. Para escoger por quien votar, quiero informarme lo más que pueda y sugiero que lo hagan también ustedes. Hay que prender el detector de bullshit y tenerlo funcionando al 100%, sobre lo que digan los candidatos y sobre cualquier tema de la comunidad. Noam Chomsky, en uno de sus últimos documentales (disponible en Netflix), citó a Adam Smith para explicar cómo la adquisición de los servicios y productos en una libre economía debía ser informada, para llegar a una decisión racional. No es el caso la mayoría de las veces, las campañas se han convertido en mercadotecnia. A veces se limita el acceso a la información, para fomentar una decisión desinformada e irracional.

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3. No quiero votar por un candidato, ni por un partido. He madurado y me he dado cuenta que otorgar de personalidad una entidad abstracta como un partido o una figura fabricada como un candidato sesga la valoración de la oferta en lo global. Que sea hombre, mujer, natal, del partido en turno, profesionista, del pueblo o candidato independiente no lo/la convierte automáticamente en la mejor opción. Aplica lo mismo al partido. Frases trilladas como “todos son lo mismo (menos yo)”, “soy un candidato ciudadano” o “vengo de un partido con experiencia” son argumentos tan huecos como simplemente decir “tu no preguntes, no sabes de esto, nomás vota por mí y ya”. Desde luego esto no aplica si ya perteneces a un partido, porque tienes tus razones y está excelente. Y si un partido o un candidato cumple con los requisitos que como persona informada nos hemos fijado, para nada deberíamos descartar apoyarles.

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4. Algunos quieren votar según las propuestas y las ideas. Suena bien, pero yo quiero ir un poco más allá. Me interesan los proyectos y posibilidades estratégicas de llevarlos a cabo. Existe información disponible al respecto, al alcance de todos. Busca en las páginas de los candidatos, en los planes y programas públicos. ¿La ciudad y la comunidad van en la dirección que quieres? ¿Es sustentable? Muchas veces, lo que se necesita es habilidad para dar seguimiento a los buenos resultados y revertir los malos. Es simplemente absurdo pretender por parte de un candidato que se pueda encontrar el hilo negro y pueda renovar la manera en la que se hacen las cosas cada 3 años. Es verdad, es posible hacer cambios radicales, pero no de manera mesiánica. La comunidad tiene que dar el respaldo y en su conjunto tiene que ir por dicha transformación. Quiero participar en el diseño de la ciudad.

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Y bien, ¿qué opciones ofrecen metas realistas? Y de acuerdo a tus necesidades, o las que consideras que tiene la ciudad, ¿qué opción te parece que posee el diagnóstico más acertado de tu realidad?

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