En esta ocasión aprovecho para hablar de la importancia de la candidatura del senador Bernie Sanders a la presidencia en EUA y el porqué no hay equivalencia entre Sanders y Clinton.

En EUA los miembros de cada partido político eligen a sus candidatos a través de un sistema representativo. Es decir, eligen delegados que votan en representación de los ciudadanos. Ya que cualquiera puede ser miembro de un partido y correr para ser funcionario público, podría darse el caso de elegir un candidato que no vaya acorde a los principios del partido. Para ello, el partido Demócrata estableció un sistema de protección al designar superdelegados, es decir, funcionarios, políticos y otros insiders del partido que tienen mayor representacion y deciden en base a su conciencia (o donaciones). Muchas veces, los superdelegados expresan su apoyo por un candidato incluso antes de las elecciones. Ese fue el caso en 2008 y 2016 con Hillary Clinton, quien recibió apoyo mayoritario de los superdelegados. El voto de los superdelegados no cuenta hasta el ultimo día de campaña. Sin embargo, tiene un efecto psicológico al promover a un presunto nominado. En noviembre del 2015, Clinton tenía ya el apoyo de 259 delegados mientras que Sanders contaba con 8. Sin duda, al agregar 251 delegados de ventaja a los reportes de resultados, se fue dibujando una narrativa de inevitabilidad sobre Clinton.

La pregunta es ¿por qué cuenta Clinton con tanto apoyo del partido Demócrata?

Y la respuesta está en su contrincante. Bernie Sanders es el tipo de candidatos por el cual existen superdelegados. Es un candidato que no representa los intereses del actual partido Clintoniano (de Bill) demócrata que promueve el neoliberalismo y perpetúa la plutocracia. En un estudio de la Universidad de Princeton, Martin Gilens encontró que el sistema de EUA díficilmente puede ser caracterizado de democrático. En cambio, el gobierno parece sólo responder a los intereses de una pequeña élite con dinero. Y en realidad no hay diferencia entre los partidos cuando se trata de responder a intereses especiales. Sanders representa un cambio de paradigma. Es un candidato que ha construído una campaña sin donaciones corporativas. Se opone a la decisión de la Suprema Corte de Justicia que decidió caracterizar a las corporaciones como personas con libertad de expresión en forma de dinero. Sanders es verdaderamente una amenaza para aquellos que han estratégicamente construído un futuro político basado en el status quo. 

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El estudio de Princeton afirma algo que ya todos los ciudadanos saben instintivamente. La aprobación del congreso es de alrededor de 11%. Es contundentemente claro que los ciudadanos no aprueban de los dos principales partidos, Demócrata y Republicano.

¿Por qué no votar por otra opción?

El hecho de que alrededor de 50% de la población de EUA rehusa a asociarse a un partido nos dice que los ciudadanos están listos para nuevas opciones. Sin embargo, un tercer partido no es viable en el sistema estadounidense. Los dos partidos principales gestionan toda la organización política del país. Estos dos deciden quién participa en debates en cadenas nacionales, y al tener estos completo control del gobierno, se oponen a cualquier propuesta que amenace su hegemonía. Por esta razón Sanders, un político independiente, tuvo que lanzarse en la plataforma de uno de los partidos.

Pero el partido Demócrata solía estar alineado con las posturas de Sanders. Sus programas para reactivar la economía son una versión moderna del New Deal de Frank D. Roosevelt. Sus programas sociales son una continuación del Great Society de Lyndon B. Johnson. Acceso a la educación y salud universal son ideas por las que el partido Demócrata ha abogado por muchos años. El argumento de Clinton es que no es una opción viable. Esto lo expresa después de haber recibido millones en donaciones de la industria de aseguradoras médicas. Una vez más vemos que la democracia es coartada por un sistema que permite la influencia del dinero en la política.

El problema de la influencia del dinero en la política es uno de los más grandes que tiene EUA. Esto es lo que le da poder desmedido a las corporaciones y al 0.1% de la población que ha ido acumulando riqueza por décadas e incluso siglos. El poder político que adquiere la élite capitalista va en contra de la idea del mercado libre. La realidad es que no hay libertad de mercado cuando unos pocos tienen tanto poder de negociación y palancas políticas, sólo por el hecho de poseer mayor riqueza. Un claro ejemplo es la gradual desreglamentación del mercado bancario a partir del gobierno de Ronald Reagan. Este respondió a las necesidades de aquellos con mayor influencia política: los bancos. Reagan terminó desregulando el mercado; esta práctica se volvió tan popular que el partido Demócrata terminó adoptándola en la estrategia de transformación del partido con Bill Clinton. Este último terminó por rechazar Glass-Steagall, una pieza legislativa que evitaba que los bancos metieran capital en inversiones de alto riesgo. El resultado fue la crisis financiera del 2008. Enseguida, Barack Obama recibió millones en donaciones para su campaña presidencial de la industria bancaria y Wall Street. Hasta la fecha sólo un banquero ha sido enjuiciado por el fraude que resultó en la crisis. No es sorpresa que Wall Street se oponga a la idea de un presidente Sanders.

Muchos justifican la inequidad económica invocando la idea de la meritocracia. Es decir, hay una idea penetrante de qué todos tenemos el nivel económico que merecemos, de acuerdo a nuestro trabajo. Esto ignora el hecho de que no todos tenemos el mismo acceso a la educación y oportunidades. También ignora, por ejemplo, que el salario de un CEO se basa en el dinero que produce para sus inversionistas, y no en el valor que provee su producto. Esto puede parecer una contradicción, pues si un producto es de alto valor, este resulta en ganancias. El problema es que la calidad del producto no es la única forma de producir dinero para los inversionistas. También se pueden inflar artificialmente las acciones de una empresa, o reducir prestaciones y salarios a los empleados, entre otras prácticas que no aportan nada a la sociedad. ¿En base a qué valor definimos los salarios?

El mercado de inversiones de Wall Street solía promover el valor y calidad de los productos. En concepto, es una muy buena idea. Pero en la práctica, Wall Street, en gran parte, consiste de algóritmos dedicados a formular millones de microtransacciones, que en conjunto generan millones de ganancias para los inversionistas sin agregar valor o promover desarrollo. Bernie Sanders propone un pequeño impuesto a estas transacciones especulativas, con lo cual se recaudaría para pagar por las universidades públicas.

La otra propuesta costosa de Bernie Sanders es el sistema de single-payer healthcare que consiste en que el gobierno actúe como aseguranza médica única. No se trata de socializar la medicina, sino de cubrir todos los gastos médicos con fondos del gobierno. El fondo vendría de un nuevo impuesto. La alza de impuestos hay que ponerla en contexto del sistema actual. En la actualidad, el costo del seguro recae sobre el individuo o la empresa para cuál trabaja. El sistema está plagado de ineficiencias y resulta ser el más costoso del mundo, sin ventaja apreciable en calidad de servicio. Esto se debe a que las aseguranzas están llenas de abogados tratando de maximizar las ganancias para sus empresas. Al final del día, la mayoría de los ciudadanos pagarían menos con un impuesto nuevo, de lo que pagan actualmente. Bernie Sanders considera que el acceso a la salud y la educación deben ser derechos universales.

Estas son algunas de las razones por las cuales una candidatura de Bernie Sanders no puede ser sustituída por una de Hillary Clinton. Pertenecen al mismo sistema sólo en nombre. Sanders propone una revolución política, en la cual pretende movilizar a los ciudadanos para exigir sus derechos ante el gobierno. Clinton propone una continuación del sistema.

Bernie Sanders se autodenomina democratic socialist, siguiendo la herencia de Eugene V. Debs y Martin Luther King Jr. Su mensaje es simple: justicia. No hay más que eso.  En una sociedad justa todos tendrían las mismas posibilidades de atención médica y educación. En una sociedad justa todos pagarían impuestos progresivos de acuerdo a su riqueza. En una sociedad justa se atacaría el racismo y discriminación estructural. En una sociedad justa las voces serían escuchadas a los mismos decíbeles.

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