¿Cómo describirías tu pieza musical favorita?

De tratar de hacerlo, tal vez empezaría por describir los sonidos en relación a categorías, géneros. Pero lo más importante para mi es el aspecto emocional e intelectual. Al final, la música la percibo más allá de mis sentidos. La satisfacción de consumir arte no sucede en los receptores del cuerpo humano, sino en el procesamiento de esta información. Al percibir una obra de arte, esa información es transformada y modificada de tal forma que nuestra mente la interprete de acuerdo a la informacion contextual y las memorias que tenemos disponibles. El resultado es una respuesta emocional que se traduce en activación hormonal u otros procesos fisiológicos.

¿Cómo sucede esta síntesis de información que el artista plasma en una obra?

La obra de arte contiene una cantidad finita de información que provoca reacciones muy complejas en diferentes individuos. El artista parte del conocimiento de arquetipos y símbolos colectivos. Hasta cierto punto, el artista tiene la capacidad de predecir respuestas de individuos que comparten un marco cultural. Estos símbolos se expresan principalmente a través del contenido de la obra. El qué nos dice la obra. El cómo es algo más complejo. La yuxtaposición de contenido y forma es lo que provee la estructura que activa diferentes reacciones neuronales que terminan en una respuesta en el receptor del arte.

En el campo de machine learning existen una familia de algoritmos conocidos como neural networks o redes neuronales. Estas redes consisten en una serie de operaciones no-lineales que transforman un input para producir un output. Las redes se usan como emuladores de otros procesos mucho más costosos. Por ejemplo, los convolutional neural networks (CNN) se usan para reconocer imágenes. Uno de estos CNNs puede ser calibrado para identificar entre gatos y perros. En la práctica, el algoritmo sería presentado con una imagen y éste determinaría si se trata de un gato o un perro.

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El algoritmo es agnóstico: no tiene conocimiento de lo que significa ser un perro o un gato. Pero al ser calibrado, se convierte en capaz de determinar las características más fundamentales que hacen un perro a un perro. En teoría, los cerebros humanos hacen algo similar. Podemos describir con palabras a un perro o a un gato pero díficilmente podríamos encontrar una clara delimitación entre estos dos, en base a sus características visuales. Sin embargo, hay transformaciones de las imagenes de estas dos categorías en las que es posible demarcar una diferencia clara. En matemáticas hay algo conocido como manifold hypothesis que alude a este concepto: todas las formas, bajo transformaciones homeomórficas, son separables. Imaginen un nudo. En teoría, hay transformaciones isotópicas que deshacen este nudo. Una vez que un objeto ha sido sujeto a estas transformaciones, el nudo es separable. En el ejemplo del clasificador, los dos lazos del nudo son gato y perro.

A mi me parece que nuestros cerebros procesan el mundo de una forma similar a una red neuronal. La complejidad del cerebro humano es mucho, mucho mayor a la de los algoritmos. Sin embargo, nuestro cerebro toma algo tan complejo como una obra de arte y produce algo que entendemos y que trasciende las palabras. Es decir, nuestro lenguaje no ofrece esa transformación adecuada para describir el significado del arte. El significado se esconde bajo algo más fundamental que sólo se vislumbra en una serie de transformaciones que parten de un marco referencial único a cada individuo.

Pero lo más increíble es la compilación que hace el artista. El artista toma ese marco de referencia individual en el que puede conceptualizar sus emociones o sus ideas y lo traduce a una representación física que es capaz de transmitir esta información a otro ser humano. Es decir, el artista, de alguna forma, ejecuta la acción inversa a la de interpretar el arte.

La clasificación entre gatos y perros de la que hemos hablado sucede en un proceso llamado forward propagation. Durante este proceso, la imagen del gato es transformada para ser separable y clasificable. Sin embargo, cuando se calibra la red neuronal, se hace a través de algo conocido como back propagation (backprop). Este proceso consiste en calcular gradientes del output con respecto a los filtros o kernels del algoritmo. Es decir, calibra los parametros de estos filtros para realizar las transformaciones adecuadas para identificar entre un perro y un gato.

El artista, me parece, ejecuta un backprop. Calibra la forma y el contenido de su obra de tal forma que produzca la respuesta que él o ella desea. Todo esto sucede sin que el artista lo haga conscientemente. Probablemente sea a través de la intuición o de mecanismos que no entendemos o no conocemos. Pero el resultado de una obra de arte efectiva es un impulso de información sintetizada que al interactuar con nuestros receptores neuronales, produce respuestas que el artista transmite, pero en formas que el artista jamás pudo predecir porque carece del marco referencial del receptor. Esta cuota de información debe ser interpretable por otros humanos. De ahí que sea necesaria una gran sensibilidad para generar la encriptación adecuada.

Jurgen Schmidhuber tiene una serie de teorías en las que trata de explicar el arte, el humor, el placer, etc. Schmidhuber parte del principio de complejidad informática de Kolmogorov que habla de la información comprimida más pequeña que es computable. Algo así entiendo el papel del artista. La obra de arte más efectiva es esa compresión de informacion intransmitible a través del lenguaje, pero que es descomprimible por nuestra red neuronal biológica.

No pretendo comparar el nivel de complejidad de los algoritmos que utilizamos en machine learning a los mecanismos biológicos. Sólo creo que podemos entendernos a nostros mismos a través de las formas creativas en que utilizamos matemáticas para transformar el mundo perceptible (y también aquel que no lo es).

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Si bien concuerdo con la idea general que Adolf Loos materalizó acerca del ornamento en un mundo muy lejano, previo  a guerras, globalización y Einstein, me rehuso a aceptar su noción de la residencia como producto totalmente utilitario. Cierto es que el utilitarismo fue la bandera de muchos modernistas, entre ellos Le Corbusier, quiénes con mucho orgullo presumían de las máquinas que diseñaban. Sin embargo, ninguno fue tan honesto como Loos. La belleza abstracta de Le Corbusier no puede ser encontrada en la integridad e interesantísimo concepto que desarrolla Loos con cada edificio que crea. Poniéndolo simple, a Loos es fácil encontrarlo feo.

No obstante, a mi me atrea la sensualidad de sus construcciones –que se diferencian del erotismo de otros edificios de Vienna en que no tienen la intención de atraer, sino de ser actual. Ahora bien, Loos establece que la casa debe ser conservadora, ser aceptada por todos y confortable. Por eso la diferencia del arte. El cual, según el filósofo arquitecto, debe ser radical, incomodar y ver al futuro. No me opongo a su concepto del arte, hasta cierto punto es romántico y cabe dentro de mis ideas. Pero me opongo a su concepción de la residencia como un espacio conservador.

La casa, el lugar más íntimo y más cercano al hombre es también la cuna de todo el perfil psicológico del individuo. Cada espacio motiva e invita a nuevos comportamiento, nuevas formas de pensar y redescubrir el mundo. Entonces me pregunto, ¿porqué promover el conservadurismo a través de la residencia? Si bien el mundo exige comodidad, la arquitectura debe ser radical. Promover la incertidumbre es papel primo de la arquitectura. Debe ser un medio por el cual no es esconda el caos, sino se exprese y se reviva día con día. Arquitectura que desconcierte, que abrace con intimidad a la naturaleza misma, la entropia y la tendencia al desorden. Arquitectura que invite, que cree nomadismo en el hogar. Que reconsidere y que rompa esquemas. Arquitectura que declare la guerra al mundo.

… de ahí que la arquitectura debe ser arte.

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Diseño de Emma Perry

Por diversas cuestiones, este pasado viernes no pude hacer nada para festejar el Pi Day. Es una tradición iniciada por los amantes de las matemáticas, en la cual se consume pay hasta más no poder. De cualquier manera, por el día especial les comentaré de algo que llamó mi atención estos últimos días en el mundo de la física.

Discutir física cuántica o cuestiones de hoyos negros sin estudios del nivel de Stephen Hawking es algo insulso, pero divertido, por la cantidad de incoherencias que podemos llegar a decir sin saber. Pero siempre me ha atraído la física moderna, desde el punto de vista más filosófico. Con la llegada de Einstein y su teoría de la relatividad muchas cosas pasaron. El arte se torno más ambiguo porque el hombre se dio cuenta que la realidad es relativa y que lo que es, puede o no ser lo que en esencia es, y además algo más. Por ejemplo la luz, que no es materia, pero sí, y es energía, pero no. En fin, sin duda es influencia directa hacia el posmodernismo literario, que se caracteriza por la dualidad y la ambivalencia de las cosas: Aura de Carlos Fuentes, la vejez y la juventud, la luz y la oscuridad.

Por eso me intriga que se hayan creado hoyos negros hechos de luz. Es algo complicado entenderlo, y un poco más explicarlo. Pero imaginemos, como lo explica el artículo, corrientes de agua, viajando a diferente velocidad, hasta que en medio el agua viaje a tal velocidad, diferente de la que la rodea, que no puede salir. No nos dejemos engañar, Einstein no se equivocó, y la luz no viaja a diferente velocidad, sino a distinta velocidad relativa. En términos simples, todo depende del marco de referencia.

Me parece interesante la relación que podemos hallar de este suceso con la arquitectura. En la entrada anterior hablaba de Dubai, atrapado en el tiempo, por referirse al pasado como su futuro. Y si vemos a Dubai como el horizonte del hoyo negro, parece coherente. Es tal su velocidad de avance, que ha quedado atrapado en el tiempo. Y por supuesto, corresponde a la relatividad artística y deja sin respuesta a la pregunta ¿qué es el avance? y ultimadamente nos sugiere que todo tiene que ver con el marco de referencia, que todo es relativo y que depende del plano sobre el cual se ubique.

Pero el avance científico también atiende a otro de los temas favoritos del posmodernismo: la ironía. La ironía de Venturi al usar una granja como una casa para su propia madre es tan genial como la ironía de usar luz para generar un hoyo negro.

 Vanna Venturi House
Hoyo Negro hecho de luz

¿Qué más nos traerá la ciencia? ¿Y quién se adelanta más, la ciencia o el arte?