Verano de elecciones en Baja California y a tres semanas de la celebración pública que representa salir a votar, es inevitable abordar el tema de alguna u otra forma.  Lo bueno, lo malo y lo feo de las elecciones se percibe de manera diferente por diferentes clases y sectores: una primera señal de que la democracia de la que se enorgullecen unos, o la que intentan vender otros, aun es muy imperfecta. Historia del país, del estado, las leyes, la cultura bajacaliforniana, la organización geopolítica del narcotráfico, la apatía, el renovado interés en la participación política, la actividad impulsora de los empresarios (para bien de la comunidad o personal) y otras cosas son todas muy, muy interesantes, aunque no a todos les guste discutirlas. Quizá el problema es mucho más profundo, incorporado a las raíces y la lógica misma del sistema electoral, no sólo en México.

Como vacunas y prescripciones, especialistas en el tema apuntan a la necesidad de sanciones y a la cultura del control, sobre los fondos, publicidad y registro de partidos. Algunos condenan la aparición de nuevos partidos por considerarlos innecesarios, inefectivos y un gasto adicional al país. Y aunque esto iría en contra de la noción de que entre más opciones existan mejor, todos percibimos que claramente que hay algo de razón en sus señalamientos. Aún siendo solamente dos partidos, que exista alternancia, incluso legítima, no siempre es ventajoso, pero puede otorgar nuevas oportunidades. La rendición de cuentas y la idea de ‘exigir a los gobernantes’ (o acción social, que es un modelo de cambio por conflicto) parece ser un consenso entre los ciudadanos, algunos gobernantes y algunos demagogos.

Hasta donde alcanzo a ver, la mayoría de los problemas que se prescriben y se intentan solucionar son síntomas de un padecer mucho más severo que desde luego comienza con la cultura. Sorprendentemente, el problema con el sistema electoral sin embargo, puede explicarse en simples términos matemáticos y estadísticos.

Para empezar, debemos entender que nuestro sistema tiene raíces en la República Romana, que nació de una civilización dirigida por reyes, evolucionó a una forma de gobierno equilibrada y abierta, pero que finalmente falló por conflictos internos, corrupción y monopolización de los puestos oficiales por unas pocas familias en un contexto donde la civilización se extendía por toda Grecia, Italia, Mesopotamia y el norte de África. Cuando la república falló, se instauró el Imperio Romano, llamado así no sólo como expansión territorial sino también, propiamente, como dictadura militar. Esta perspectiva histórica puede volvernos humildes, ya que si todos los sistemas están destinados a fallar internamente (perspectiva funcionalista del cambio social), restablecerse como un sistema más severo y luego volver a suavizarse poco a poco, entonces no somos muy diferentes a como éramos hace 2,200 años.

Pero ese ‘ciclo’ no es todavía la estadística de la que hablaba. Esto tiene que ver más sobre cómo funciona el sistema de escrutinio mayoritario uninominal, y en particular el sistema ‘el que gana se lleva todo’, o first-past-the-post voting system. CGPGrey explica los problemas del sistema de una manera muy amena. No hace falta saber inglés para seguir la idea general del video.

El first-past-the-post voting, por su nombre se explica solo. El objetivo del ganador es obtener la mayoría de votos, una mayoría relativa a sus adversarios. El razonamiento va más o menos así: Ésta es la manera en que se desarrolla la democracia, porque todos pueden votar y el que tenga más votos es el que gana. Cada persona solamente puede votar por un candidato. Y el que gana es el más aceptado para dirigir. El pueblo lo eligió, lo que implica que el pueblo gobierna. Por lo tanto, esto es democracia… not.

Primero: si la ceremonia del voto se configura de esta manera en un sistema de liberalismo económico donde todo se puede comprar, el objetivo principal (ganar la mayoría relativa de votos) corrompe inevitablemente a todos los participantes. Las campañas sucias, el desequilibrio en la exposición mediática de los candidatos, la compra de votos y muchas otras cosas difíciles de controlar, casi florecen de manera natural.

Segundo: el sistema, no importa con cuantos partidos haya comenzado, tiende eventualmente a la conformación de dos partidos, ya que las coaliciones se formarán para evitar perder el registro y “sumar esfuerzos”, lo que culmina en que los ciudadanos únicamente tengan dos opciones a elegir.

Tercero: si se busca que entre más opciones mejor, que es lo ideal, entonces poner en el sistema que sólo una persona vote por un candidato (en lugar de escribirlos en orden del que más les guste, por ejemplo) tiende a dividir a la gente, el voto y, al resulta naturalmente en un ganador con gobierno de la minoría. Esto puede desanimar a futuros participantes, ya que nunca estarán muy seguros de sus opciones. Y si acaso lo están, pero su candidato, según encuestas, tiene pocas posibilidades de ganar, entonces no tendrán mayor efecto en los resultados o quizá sucumban a la presión de efectuar un ‘voto útil’.

Cuarto: al final de cuentas es más importante cómo se cuentan los votos. En Estados Unidos, un voto individual en California cuenta menos que uno en Connecticut, por la diferencia en el número de población. México no sigue este sistema afortunadamente, pero el candidato ganador no es el preferido por la mayoría de la población. Esto hace más notorio el problema de los que no votan y de los que votan nulo. Estos votos simplemente no son tomados en cuenta para determinar al ganador. Un candidato con 15% de votos del padrón, si ese 15 es superior al de sus contrincantes, será el vencedor de todos modos.

Y quinto: los poderes establecidos conocen bien el sistema. Después de todo, la utilidad de los ‘terceros partidos’ de oposición es la de producir un efecto spoiler. Dividir el voto de la población inconforme en varios candidatos, aparentemente de oposición, quizá termina ayudando más al candidato favorecido por la elite. Ésta quizá concluya, incluso, que no está demás financiar a uno que otro partido alternativo. De todos modos siempre se puede contar con el mobilization bias, ¿no?

Sin embargo.

Reforma 2012.

En un panorama desalentador, se han propuesto alternativas. Una es la de single transfer voting, donde los votantes no escogen a un candidato, sino les asignan un número a todos en el orden en que les gustan. Así se eliminan los menos populares y quedan los más populares, o los menos odiados. Es el sistema utilizado en San Francisco. Pero incluso un sistema así tiene sus fallas. Por ejemplo, puede quedar alguien quien a la población le da igual si gana o no. Keith Devlin, matemático de Stanford, habla de los sistemas de votación convencionales y alternativos, pero también de sus inevitables implicaciones indeseables, más o menos a partir del minuto 50.

Incluso me divertí haciendo un experimento (asumiendo muchos datos inventados, espero algún día hacerlo con los reales), demostrando que hasta Gabriel Quadri pudo haber ganado en 2012 si se hubiera utilizado el sistema de approval voting, ya que parecía ser el candidato que a la población le daba más igual si ganaba o no (esto es lo que podemos suponer dada la fuerte división marcada entre la propuesta del PRI, la continuación del PAN y el proyecto de las izquierdas).

Quadri ganando

Claramente hay una distorsión de la voluntad popular que ni siquiera tiene que explicarse con corrupción o intereses escondidos. Parece más una tendencia natural resultante de poner unas reglas de juego muy insensatas.

Hmm.

… pero no al sonoro rugir del cañón, sino al movimiento tectónico de la región.

Al parecer ayer 8 de febrero alrededor de las 11:00 pm tembló en Baja California y afectó a varias partes de la región. De 5.2 a 5.5 de intensidad en la escala Richter y alertan de más réplicas, aquí toda la información.

A esa hora estaba viendo Seinfeld y no sentí absolutamente nada.