Difícilmente se consigue idear un proyecto escolar de arquitectura que satisfaga varios conceptos de la disciplina, como composición, escala, ejecución de obra, reciclaje y prefabricación de piezas, y a la vez luzca para toda la comunidad universitaria. Éste galgo de más de 6 metros de alto fue considerado por muchos un éxito, instalado durante el periodo navideño en la plaza del ITT (galgos), como un trabajo conjunto entre alumnos de segundo, octavo semestre y su maestro. Está construido con 70% de material reciclado; y la misma cifra representa el ahorro de dinero que se logró de haberse construido con materiales nuevos.

Sobre la fabricación de las piezas, que es donde me desenvolví principalmente, primero repetiré que es posible lograr cualquier superficie dividiéndola en triángulos, pero todos saldrán de diferentes dimensiones. Mientras la estructura de madera se componía de una geometría sencilla, la “piel” del galgo requirió la fabricación de los tríangulos con la mayor precisión posible, y aun así hubo incontables tropiezos. Siendo la mayor parte de cartón corrugado, o sea cajas pepenadas en supermercados, el recubrimiento con capas de papel metálico tornasol, bolsas de frituras y cintas adhesivas consiguió protegerlo lo suficiente para que se mantuviera dos meses expuesto a la lluvia.La separación de los triángulos por las tiras adhesivas transparentes lograron que la luz que provenía del interior se proyectase por las aristas, y la corona navideña consistía en un toro o dona, moldeado con malla alambre y botellas de plástico.

La casi-simetría facilitó la fabricación de las piezas, y tan sólo se utilizaron dos cables tensores en las patas traseras, para impedir movimientos laterales. El peso total, lo sostuvieron perfectamente los barrotes que conformaban las patas.

En conclusión, un proyecto muy divertido y didáctico apto para todas las edades.

Las fotos fueron tomadas por Saraí Domínguez.

 

Por fin, después de varios años de espera en Tijuana, ya tenemos al Cubo.

Diseño del arquitecto Eugenio Velásquez, de Artesano, el Cubo fue el ganador de un concurso para la integración arquitectónica de un nuevo espacio de exposiciones al Centro Cultural Tijuana, elevando la capacidad de usuarios y garantizando seguridad a obras de arte extranjeras, como es el caso de la exposición de Buda Guanyin, provenientes en su mayoría del Museo de Beijing.

Velásquez comentó que la construcción se había retrasado, en parte, porque los fondos dieron prioridad a la atención de las situaciones provocadas por el paso de los huracanes en el sur, y otros percances relacionados con las peticiones de cambiar algunos materiales, como la malla de acero inoxidable o el polímero “antigrafitti”, por otros de menor costo, pero menos durables. Omitiéndose algunos elementos originales como las propuestas de espejo y caída de agua, el proyecto siguió adelante tal cual. El espacio interior es aun más impresionante. El factor sorpresa está en el dinamismo de los colores y el gigantesco tragaluz.

Ahora, sobre algunos detalles del concepto arquitectónico que manejó. En primera instancia, la integración. Yo entendía al Cubo como la edificación que completaba el “marco visual” de la bola de Ramírez y Rosen, haciéndola resaltar con más personalidad en un entorno de formas rectilíneas. En efecto, el cubo de Velásquez no ostenta, e incluso se protege con la malla de acero transparente, como señal de respeto ante el manto que envuelve a la bola. Esa conexión se refuerza en el interior con el uso de los materiales, en especial el concreto, y su unión con el edificio original a penas se percibe como la entrada a otro diferente (que por cierto destaca el monumento del Proyecto Cívico, the Gift of American Democracy, de forma sugestiva).

Finalmente, entre los eventos llevados a cabo el 1 de Octubre, en el Cubo, además de conferencias sobre la historia de Tijuana y su situación arquitectónica, remarcaré el reconocimiento que se le dio a los estudiantes de tres equipos finalistas de la repentina con el tema de “Rescate de espacios públicos”, que consistió en el diseño de un parque en La Morita, celebrado en el Colegio de Arquitectos desde las 10:00am de un lunes hasta las 6:00pm del martes. El miércoles, el jurado determinó al proyecto ganador (que está considerándose para construcción). En la repentina participaron las escuelas de Tijuana y la UABC de Mexicali.

Fotografías: Alex Ruiz

Después de las conferencias
Después de las conferencias
Eugenio Velázquez explicando su concepto a estudiantes del ITT
Eugenio Velázquez explicando su concepto a estudiantes asistentes del ITT
Asistentes del evento
Asistentes del evento el 1 de octubre

En Venecia, Beckman N Thepe construye un nuevo zoológico simulado.

No es tanto una sorpresa para los que hemos tenido la fortuna de ir al San Diego Zoo, donde a veces se siente que se está en un mundo diferente. Ciertamente, los espacios yuxtapuestos generan un sentido de inmersión bastante interesante; se sabe en un mundo extraño, pero surreal por su diversidad. Y Geoff Manaugh sugiere algo bastante bueno: ¿porqué no hacemos lo mismo con las escuelas?

Bien, pasear por los pasillos de la facultad de medicina de la UABC de Tijuana es algo diferente. La pulcritud invita a comportarse como en un hospital. Hasta se camina más despacio, por eso de no molestar a los enfermos. Pero en las otras facultades, hay un sentimiento académico muy general y muchas veces sugiere ser la Prepa 1.5. Lo mismo sucede con el ITT. Recuerdo que estoy en una escuela de arquitectura, no por la institución misma, sino por la eternamente obra negra que se levanta al frente: el famoso puente de Michael Ende, el de nunca acabar.

Pero se me ocurre algo divertido. Si los osos polares pertenecen a la Trunda, ¿a dónde pertenecen los arquitectos? ¿A Dubai? Y qué de los abogados, ¿deberíamos simular Nueva York en las escuelas de leyes? ¿Deberían, los estudiantes de arqueología, tomar clases en espacios que simulen ruinas? Y entonces, ¿los arquitectos deberían conformarse con tomar clases dentro de un espacio arquitectónico? ¿Y qué hay de los biólogos marinos? ¿Y los de ingeniería aeronáutica? Y bien, ¿el ejército debería entrenarse en campos de guerra simulados?

O podríamos simular espacios totalmente irrelevantes, con tal de promover la yuxtaposición absurda. El doctor en la selva y el escritor en el desierto. Sabemos que el contexto es fundamental en el desarrollo de las personas, ¿qué resultados obtendríamos de ubicar a las facultades en espacios aleatorios?

La vida más absurda. También más divertida.