Hace una semana regresé de un viaje de estudios a San Francisco. Muchas de las inolvidables vivencias en esta ciudad de amor y libre expresión fueron, afortunadamente, arquitectónicas. Y es que, como bien señaló un profesor, pareciera que las interacciones humanas son también parte de la atracción turística. No obstante, es una ciudad muy avanzada en urbanismo, bioclimatismo y arquitectura moderna, considerada una de las más bellas del mundo y uno de los mejores lugares para vivir. Les presento un enlistado de las 10 mejores vivencias espaciales (no necesariamente edificios)  que tuve, incluyendo lugares de Oakland y San José, que fueron parte del viaje.

 ¡Al extremo!

10. Marin Civic Center y CV Morris Gift Shop (Xanadu Gallery)- Frank Lloyd Wright

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Marin Civic Center fue uno de los últimos encargos de Wright. Su organización espacial es intrigante: una línea recta que se tuerce en una sección rompiendo la aparentemente infinita continuidad. De hecho, el conjunto tiene como unidad un módulo alargado con jardinera y un vacío en las plantas superiores, coronados por un tragaluz en forma de bóveda de cañón rebajada. La ventilación y el recorrido hacia el punto de fuga de la imagen es muy agradable. La Morris Gift Shop (hoy Xanadu Gallery) es completamente hermética, con un gran muro de ladrillo como fachada, recordando al maestro Louis Sullivan. Cruzando el complejo arco del acceso, se aprecia la vista a lo que podríamos llamar un pequeño Museo Guggenheim, con la escalera circular trazada perimetralmente con respecto al centro de la galería. No son las obras más impresionantes, ni son tan extrovertidas como nos gusta ver en la arquitectura de Wright, pero aluden a su etapa experimental más madura.

9. The Tech Museum of Innovation – Ricardo Legorreta

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“Ya llegaron los mexicanos”, se oye decir cuando, doblando en una esquina de San José, aparecen enormes volúmenes anaranjados y recubiertos de azulejos. Por dentro, el Tech alude al mismo purismo formal, pero sólo en arquitectura. Es uno de los sitios más divertidos e interactivos por visitar, con pantalla IMAX, cadenas de ADN hechas con recetarios de cocina y robots que retratan tu rostro en poco tiempo.

8. Cathedral of the Christ of Light, Oakland – Craig W. Hartman

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La catedral del Cristo de la Luz de Hartman pronuncia un impacto visual en todas sus facetas, y en varias ocasiones tiene impregnada la esencia Mies-esca, aplicada a la arquitectura religiosa. Luz, escala divina, iconografía, mausoleo, vidrio, acero… Literalmente, Dios está en los detalles.

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7. San Francisco – Oakland Bay Bridge y Golden Gate Bridge

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Espacios de transición materializados en colosos de metal. Transitar en autobús o caminar a través de estos puentes llega a desorientar la capacidad de detectar escalas si estamos acostumbrados a ver armaduras sólo en edificios. Otra gran ventaja que tienen es la panorámica que ofrecen, pues la gente los ha hecho protagonistas urbanos cuando no cumplen una función principal ni de foco ni de recinto. Ahora me estremece más el poder de Magneto en X-Men United.

6.  Golden Gate Park (y todos sus jardines)

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Incluyo todas las áreas verdes de esta zona. A lo que voy es que, es incomparable el aire que aquí se respira, es un lugar perfecto para hacer ejercicio, y la escala de los árboles es abrumadora. La gente simplemente vive feliz y satisfecha. Hasta las ardillas son amables y brindan indicaciones en caso de que alguien se pierda, y no le tienen miedo a las cámaras…

 

Descuiden, continuaré el top en los próximos días…

Fotografías: Alex Ruiz  

¡Al extremo!

En Venecia, Beckman N Thepe construye un nuevo zoológico simulado.

No es tanto una sorpresa para los que hemos tenido la fortuna de ir al San Diego Zoo, donde a veces se siente que se está en un mundo diferente. Ciertamente, los espacios yuxtapuestos generan un sentido de inmersión bastante interesante; se sabe en un mundo extraño, pero surreal por su diversidad. Y Geoff Manaugh sugiere algo bastante bueno: ¿porqué no hacemos lo mismo con las escuelas?

Bien, pasear por los pasillos de la facultad de medicina de la UABC de Tijuana es algo diferente. La pulcritud invita a comportarse como en un hospital. Hasta se camina más despacio, por eso de no molestar a los enfermos. Pero en las otras facultades, hay un sentimiento académico muy general y muchas veces sugiere ser la Prepa 1.5. Lo mismo sucede con el ITT. Recuerdo que estoy en una escuela de arquitectura, no por la institución misma, sino por la eternamente obra negra que se levanta al frente: el famoso puente de Michael Ende, el de nunca acabar.

Pero se me ocurre algo divertido. Si los osos polares pertenecen a la Trunda, ¿a dónde pertenecen los arquitectos? ¿A Dubai? Y qué de los abogados, ¿deberíamos simular Nueva York en las escuelas de leyes? ¿Deberían, los estudiantes de arqueología, tomar clases en espacios que simulen ruinas? Y entonces, ¿los arquitectos deberían conformarse con tomar clases dentro de un espacio arquitectónico? ¿Y qué hay de los biólogos marinos? ¿Y los de ingeniería aeronáutica? Y bien, ¿el ejército debería entrenarse en campos de guerra simulados?

O podríamos simular espacios totalmente irrelevantes, con tal de promover la yuxtaposición absurda. El doctor en la selva y el escritor en el desierto. Sabemos que el contexto es fundamental en el desarrollo de las personas, ¿qué resultados obtendríamos de ubicar a las facultades en espacios aleatorios?

La vida más absurda. También más divertida.