agosto 2013


Aprovecho la ocasión para compartir extractos de un ensayo presentado en un contexto muy diferente que tiene que ver un poco con MOOCs y otro poco con mis reclamos sobre el desbalance de los beneficiarios urbanos.

“(… ) En varias ocasiones se tocaron ‘aquellos’ temas de difícil consenso en la opinión pública, pero siempre con la humildad de la postura dubitativa, quizá ya una característica inherente al método científico. Quiero resaltar en particular el uso de “la ciencia para tomar mejores decisiones”, y el material adicional referente a la complejidad, el complejo de Dios y el ensayo y error; pero no solo a nivel conceptual, sino de aplicación. De hecho, este ensayo trata de urbanismo y ciudades, mi área profesional, en particular de cómo entenderlas, sus bondades y problemas, para diseñar mejores ciudades o hacer cambios. Pero no pretendo dar un discurso con un enfoque especializado. Más bien, propongo una serie de reflexiones que comienzan con la acción personal. (…)

“Antes de adentrarme a la exposición de estas reflexiones – que he sintetizado y que explicaré más adelante en cuatro niveles de participación -, es necesaria una introducción más apropiada al tema del urbanismo, que es la ciencia y disciplina destinada al ordenamiento territorial y la planeación de ciudades. (…) El investigador urbanista ha implementado, en las últimas décadas, metodologías de análisis y planeación que le han ayudado a trascender los dogmas de diseño y planeación económica que habían planteado los filósofos de la revolución industrial, y en algunas regiones, de tiempos mucho más atrás. Incluso en este momento, teóricos de arquitectura, historia y economía siguen proponiendo nuevos sistemas de planeación de la ciudad ideal. (…)

“Ahora, como uno se podrá imaginar, existen muchos criterios se pueden utilizar para analizar las ciudades, desde el punto de vista del planificador o diseñador urbano. Un método que engloba la mayoría es el análisis urbano, que se compone del medio físico natural y medio físico artificial. Ambos se entrelazan como si fueran un tejido, conformando los elementos de imagen urbana. (…)

“Pero el análisis urbano sólo responde a la descripción de las características físico-espaciales de la ciudad, dejando de lado otros aspectos muy importantes que le dan causa, o que son efecto, de esas características. Para un economista, un político o un sociólogo, analizar una ciudad requiere más la descripción de las características no materiales, es decir, financieras y humanas, como el medio socioeconómico, político y el tipo de comunidad. La historia y otras ciencias sociales, en conjunto con la ingeniería civil, ambiental y la arquitectura, suelen proporcionar criterios empíricos y metodologías para analizar, desarrollar y mejorar ciudades. (…)

“La disciplina de la historia, por ejemplo, enseña que las ciudades comenzaron a la vez que la agricultura, cuando el hombre empieza a aprender como manipular su entorno – el nacimiento de la civilización. El  método que usa es la observación de vestigios arqueológicos, arquitectónicos y geológicos. Más tarde, al revisar la época clásica, los investigadores pueden basar sus conclusiones en el análisis de documentos escritos. (…) Fue en Alejandría, durante el período helenístico, donde podemos decir que nació la experimentación sistemática para probar ideas. Fue en la Roma Imperial que la ingeniería civil tuvo su mayor avance, para equipar con infraestructura, servicios, drenaje y suministro de agua a la ciudad, así como la edificación de los anfiteatros y templos más impresionantes. No cabe duda, entonces, que la vida en la ciudad ofrece la oportunidad de avanzar el conocimiento de cierta manera que la vida rural y nómada no ha conseguido, hasta donde la historia sabe. (…)

“Sin embargo, a pesar del creciente número de especialidades, el desarrollo tecnológico, la asociación que existe en el imaginario colectivo, de que riqueza e intelecto son cualidades de los habitantes urbanos, existen dudas sobre las bondades de la ciudad. (…) Algunos consideran que la forma que han tomado las ciudades, ya sea por diseño, por evolución histórica o por espontaneidad, no son a largo plazo benéficas para la sociedad. Las ciudades más ricas y pobladas presentan altos niveles de contaminación, congestión, densidad de población y en algunos casos, una gran diferencia de clases y poca confianza entre sus habitantes. Existen planteamientos fuertes a favor y en contra de volver a lo básico o volver a implementar la soberanía energética y alimentaria dentro de las ciudades. (…)

“Las ciencias interesados en el desarrollo sustentable han relacionado los problemas ambientales con el aumento descontrolado de la población, las técnicas de agricultura que erosionan el suelo, la debilidad de los gobiernos, la sobreexplotación de recursos no renovables, o de renovables más allá del tiempo de recuperación necesario, entre otras cosas. Algunos radicalmente señalan que la misma idea de vivir en la ciudad es nociva y antinatural, debido a que tiende a agrupar a un número considerable de personas en muy poco espacio geográfico, obligándolos a organizarse y competir por un suministro limitado de recursos. En su lugar proponen un retorno al campo. (…)

“Esta bifurcación de propuestas es muy interesante de discutir. En lo que me concierne, la aplicación de esa postura dubitativa es de suma importancia. Propongo que esa duda permee en cuatro niveles de alcance y participación (…). Estos cuatro niveles propuestos reflejan mis meditaciones sobre el tema y tienen como objetivo ayudar a los ciudadanos a reflexionar sobre sus ideas, prejuicios y actitudes en torno a sus opiniones y conclusiones sobre qué es lo que deben hacer para resolver los problemas de su ciudad. Me gusta pensar que la propuesta se entienda como una síntesis, pues está construida sobre otros modelos creados en el pasado. Los cuatro niveles son los siguientes:

“Primero, a nivel personal, pienso que como habitantes de ciudades debemos preguntarnos: ¿qué conductas practico que pueden estar afectando negativamente toda mi ciudad? Esto requiere una capacidad de madurez y observación que rompan los condicionamientos y paradigmas. (…) Por ejemplo, la mayoría del consumo de agua y el gasto energético, proviene de la producción de alimentos (agua virtual) . ¿Implica esto que debo evaluar mejor cual es la mejor alimentación? ¿Cuidar mi propia huella ecológica y mi alimentación, aunque sea bajo suposiciones heurísticas, podría mejorar mi salud y reducir mi impacto? ¿Qué tanta diferencia puedo hacer con mis acciones?  En este nivel, el conocimiento del propio ser es fundamental. Es propicio alcanzar integridad y congruencia, buscando la salud física y mental para beneficio del yo como individuo. Me atrevo a suponer que el cumplimiento de ese primer paso conseguirá inspirar a otros, al enseñar con el ejemplo. (…)

“Segundo, a nivel familiar, puede ser que debamos plantearnos qué elementos valiosos existen en la educación que he recibido de mis padres o tutores. Requiere aceptación de la vida que nos tocó, así como franqueza al comunicarnos, y por lo tanto una implacable inquietud por mejorar nuestro modelo de comunicación actual, el cual es en gran medida una imitación de nuestra cultura. Por ejemplo, podemos buscar eliminar todo el lenguaje violento y procurar un lenguaje que evite ambigüedades y malas interpretaciones. Esto desde luego trasciende la familia, pero si la infelicidad se da en el hogar en principio, (…) tendemos a transferir las emociones negativas a nuestro alrededor y esto a nivel ciudad se traduce en habitantes estresados y desdichados, que nunca podrán llamar hogar al espacio físico que comparten con su familia. Entonces también habrá que preguntar, ¿es mi familia feliz? ¿Qué necesidades básicas les faltan? ¿Como puedo contribuir en el hogar y alcanzar la independencia? En este nivel, la inteligencia emocional y la confianza son necesarias para transmitir cariño y respeto de manera natural. El amor familiar es una motivación sana para todos sus miembros.

“Tercero, a nivel comunitario, conviene cuestionar, por ejemplo, qué tanto influye que desconfíe de mis vecinos y no establezca relaciones. Mi país, y probablemente el tuyo, sufre una terrible violencia que, si realmente se aplica el conocimiento generado hasta ahora por las ciencias conductuales, tiene raíces en la familia y se contagia en la comunidad. Podemos pensar que la ciencia podrá desarrollar tecnología para hacer mejores cárceles, mejores policías o métodos más eficaces de detección criminal. Pero castigo no es prevención. Se ha notado que, en la sorprendente mayoría de los casos, los más violentos fueron víctimas. Los indicadores geográficos muestran que los distritos urbanos más pobres son los más violentos.  Se considera que la gente con menor educación es la más propensa a delinquir. ¿Es entonces científicamente sostenible aseverar que el castigo y la prohibición son la forma más efectiva y sana de conseguir el orden social? ¿Es sensato ver todo en cuestiones de bien o mal, normal o anormal? En este nivel, la identidad y la integración comunitaria son cualidades deseables. Para lograrlo, debe existir comunicación y confianza entre los vecinos, o bien, los miembros de una comunidad con características similares. Si acaso uno no comparte esta visión colectivista, puedo sugerirle a los individualistas que la visión de grupo a largo plazo podría ser la mejor opción para la supervivencia y mantenimiento de los intereses particulares.

“Y cuarto, a nivel supracomunitario, por ponerle algún nombre a aquél nivel de organización social que trasciende la comunidad: la ciudad, el país, el planeta. Quizá éste es el que menos se comprende, ya que como humanos hemos creado barreras artificiales para dividirnos en países, estados y otras manifestaciones implícitas de violencia, cuando compartimos un mismo planeta con una cantidad finita de recursos. Entonces, hablar de identidad e integridad a nivel comunitario es importante pero no contradice la identidad e integridad a nivel supracomunitario. Por cierto que a este nivel, considero que vienen las preguntas más interesantes. Por un lado, están las preguntas relevantes al entendimiento, que circulan en torno a la siguiente: ¿Cómo podemos medir o evaluar algo tan complejo? Y por el otro lado, están las preguntas relevantes a la acción: ¿Es mi rol como ciudadano esperar que otros resuelvan los problemas o debo volverme más activo en la participación? ¿Existirán algún día políticas, modelos o tratados que resuelvan todo de una vez? Bien, si no es así, más valdría recordar que la ciencia nos enseña a adoptar una posición humilde de duda. En el nivel supracomunitario, quizá no existe una panacea y quizá debamos atenernos a soluciones parciales. Pero podemos seguir intentando hasta dar con una solución de fondo.  (…)

“En términos generales, ésta es una visión para el entendimiento, diseño y transformación de la ciudad. Nótese que el diseño y la transformación no parecen estar separadas, pues he de concluir que las soluciones parciales son de suma importancia para sostener los ideales de la planeación a nivel macro. De hecho, parte de la responsabilidad del diseñador es aceptar con humildad la posibilidad de transformaciones espontáneas (como los sistemas auto-organizativos), que han evolucionado por sí mismas respondiendo a las múltiples variables que quizá nunca lleguemos a entender en su totalidad. Tanto el diseñador como el que quiere hacer cambios, tienen intereses similares y la configuración de pasos para operar un modelo de observación podría conciliar las visiones separatistas, paradigmáticas y radicalizadas, hacia fines más útiles.

“Ésta propuesta es incompleta, sin embargo, pues no está exenta de deficiencias. Aunque las afirmaciones de participación a nivel personal y comunitario están en lo general probadas, el nivel familiar requiere una participación y transformación que no puede darse sin cumplir, primero, la difícil tarea de aceptar y tolerar. Además, cada familia en cada etnia tiene diferentes costumbres y predicar cualquier nuevo paradigma puede toparse con resistencia. Y en cuanto al nivel supracomunitario, las cosas se tornan más difíciles y se salen de control. Lo que sucede es que, nunca podremos estar cien por ciento seguros de verdades absolutas, sobre todo cuando intervienen muchas variables. Esto puede volver a la gente nihilista o apática, pero desde luego esto no es lo que sugiero. Más bien, ofrece la oportunidad de aventurarse a la innovación y probar nuevas cosas, por medio de ensayo y error. (…)

“Quiero concluir, entonces, que la jerarquización y ordenamiento del conocimiento generado por varias ciencias, debe sintetizar acciones concretas en los cuatro niveles propuestos. La duda cautelosa sobre los modelos y cosmovisiones contemporáneas son esenciales. (…) Rescato la declaración de Tim Harford sobre el tema, quien dijo que “…hasta que no escuche a políticos diciendo que quieren resolver los problemas sociales, la salud, la educación, que no tienen idea de cómo hacerlo pero que tienen algunas ideas y las probarán, y si no funcionan probarán otras; será entonces que dejaré de insistir en el ensayo y error.”

(Sobre el entendimiento de las ciudades como sistemas complejos, 2013).

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En el cielo de la Ciudad de México este verano se veía el fulgor de Tlaloc, sesgado tras las cenizas de un dios naciente: el temerario IMECA. Nuestra capital se erige sobre un suelo inestable, vacuo y movedizo. La urbe late al compás de la sedimentación y los antiguos amigos que alguna vez fueron paralelos hoy se encuentran en trayectorias contrarias: la ciudad de México es nuestra pequeña Pangea.

Allí uno encuentra lo mundano insurreccionarse contra el sentido eterno que llevan tatuadas las ruinas de la modernización, las cicatrices de la evangelización y  las sombras de mesoamérica. La rutina se transporta en serpientes de tierra. Esos feraces reptiles que perforan el tiempo y que con su místico esqueleto mecánico traducen nuestras vivencias en miradas y cabeceos. Dentro de estas bestias de tierra uno se gana la vida con el antiguo oficio del trueque y cuando se está dentro se traspasan el espacio y las clases; esclavos y tlatoanis respiran el mismo aire encerrado. Cuando uno asciende del subterráneo, se encuentra con la verdadera insurreción: la gente haciendo suyas las calles. Viven y desviven el escenario folcórico que ha cedido su otredad para llenarse del espíritu humano.

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A lo alto: el cerro del chapulín. Éste como muchos otros lugares de esta ciudad alberga artefactos en los que personajes de nuestro país dejaron su tacto impreso en sudor o sangre. Ella es toda un museo, con maravillas de la historia que guarda en pedestales y rincones. Algunos iluminados por el haz del recuerdo y otros en la penumbra del olvido. En las calles estrechas, amplias, sucias, limpias, oscuras, iluminadas y transitadas no faltan los taxis. El oficio de estos últimos es traducir el caos a lenguaje universal y entregarlo en mensaje encriptado. La traza humana intersecta la urbanidad de azul y rojo llenando las arterias de los automovilistas que con habilidad olímpica recorren la ciudad. El paseo lo hacemos oficialmente, es decir por la banqueta, o bien instintivamente: seguimos vectores que reverberan en las huellas de la costumbre.

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Al final los caminos convergen en la tierra donde se creo el tiempo. Una calzada que atraviesa una ciudad de piedra. El peso de lo eterno se vislumbra en un camino habitado por fantasmas del comercio ambulante. Recorremos el horizonte, el vertical y la hipotenusa correspondiente para llegar a la cima del titán. Al llegar arriba uno supera al dios IMECA y se siente un poco más cerca de Tlaloc. En la piel nos roza el humedo algodón de las nubes y el sigiloso suspiro del tiempo.

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